Entry: Historias de mi padre Wednesday, November 15, 2006



Mi chata Linda:

Te contare lo que me pasó con el Fran, un domingo de estos en que no las trae uno todas consigo. No creas que te lo cuento para que te compadezcas de mí. No, solo para que veas que uno no debe llevar sus problemas a la casa y que si uno se enoja o pelea en el trabajo o con la novia, no debe buscar a otros para que se la paguen.

Ese domingo,  y del cual ya no me quisiera acordar, si no fuera porque quiero que se te grave bien que no es justo que uno pague lo que no le han prestado. Ese domingo como te dije, me despertó una voz suave y el aroma del café recién colado que tu ma me ofrendaba parada a un paso de la cama. ¡Buenos días! y tu sabes que a tu ma hay que  contestarle el saludo muy claro y con toda la amabilidad de que uno pueda ser capaz cuando se despierta. Al segundo sorbo recobre la conciencia con la certidumbre de que me esperaba otro día feliz. El gato salto de la cama, se estiro, bostezó y con una mirada indiferente salió de la recamara; estuve a punto de darle las gracias por haber dormido toda la noche justo sobre mi, pero me acorde que a los gatos caseros les vale lo que uno les diga o indique; siempre te miran con indiferencia, incluso cuando los amenazas. Además, el Fran fue el que llenó esa casa de gatos y uno es el que tiene que aguantar sus desprecios.

El Fran, cierto, la noche anterior, durante el viaje del aeropuerto a la casa me dijo tu ma, que el Fran se había enojado con la novia y que a veces lo sorprendía peleando con ella por el teléfono; buena cosa pensé,  así no le pueden dar un puño por lo que dice.

Mientras cavilaba en ello le pregunte a tu ma que planes tenia yo para este maravilloso día. Que te levantes, y hagas un poco de ejercicio en el club, después te metes al vapor; pero llévate al Fran, no quiero que se quede dormido todo el día y se despierte hasta la hora de comer y de mal genio. Y el tenis? alcance a decir.

Hoy no puedo jugar porque tengo compromisos. Me sentí aliviado, porque ya sabes como es tu ma en todo lo que hace y con el tenis del fin de semana, me regresa en articulo mortis a México. Paso toda la semana en recuperación, solo para volver a enfrentarme a lo mismo. Pero tú lo despiertas le grite. No, no le dije “tu lo despiertas”, yo no le hablo de tu. Te haz fijado? Yo le hablo de usted y ella me dice: tu esto, tu lo otro, tu aquello; pero yo me siento bien y ella me ha dicho cuando se lo hago notar, que todo acaba como empieza y que después de todo, eso no tiene importancia. Puede que tenga razón.

Después de mucho rato y de darle unos toquecitos tímidos a la puerta del fran, aparece con la gracia de un sombie, con sus calzones grandes guangos y hasta la rodilla, se para frente a mi, se agacha un poco y me dice. D e  q u e  s e  t r a t a. Arrastra las palabras con tanta maldad, que siento el primer escalofrió de esa mañana otoñal. Ciertamente no pintan bien las cosas, presentí entonces que……. 

Como te decía mi chata, definitivamente el Fran no tenia buena cara y la mañana antes radiante de ese domingo, se comenzó a nublar. Cuando bajábamos maletín en mano hacia la cochera, se detuvo abruptamente y me dijo: así te piensas ir? No manches pa, tienes las medias diferentes no solo  de  marca sino de color. Tú no me quieres creer, pero te digo que ese día el Fran estaba como comal para esquite.  Subimos al auto y curiosamente no me pidió las llaves. Tu sabes que nunca me deja manejar, pero ese día era diferente y llegamos hasta la vara de acceso donde frene un poco desprevenido;.quieres tumbar la vara? me dijo mientras yo me identificaba.

Ya no quisiera seguirte contando, porque me da pendiente que puedas pensar que lo estoy inventando, pero tu conoces al Fran y sabes que digo la pura verdad.  Otras cosas sucedieron, mira, durante los veinte minutos que estuvimos en la banda no me dijo una sola palabra, solo lo oí resoplar y sus pisadas en la caminadora sonaban con rabia. Cualquiera podría pensar que era por el esfuerzo, pero yo se bien que estaba pensando en alguien y solo de recordar; se le venían unas oleadas de coraje que no podía disimular.

Déjame seguir contándote lo que paso en el vestidor. Sudorosos y con un dulce cansancio -- yo, porque el Fran seguía  envuelto en ese sudor espeso y ocre que produce el rencor—nos preparamos para el vapor, dejamos las cosas en el loker y cuando caminaba a la zona de baños, me alcanzo y tomándome con firmeza por  un brazo, me hizo retroceder hasta donde habíamos dejado las cosas. Ves? casi me grito. Distinguí entonces mi billetera, el celular, las llaves del carro y otras cosas que despreocupadamente había dejado a la vista en el loker abierto. ¡Cuanta irresponsabilidad la tuya! Bramo furioso;. no vez que cualquiera se los puede llevar y ni te darías cuenta. Comprendí que no le faltaba razón, pero por otro lado le hice notar que su reacción me parecía exagerada y que en todo caso el personal del club tenía la responsabilidad de cuidar que nadie se apropie de las cosas que no le pertenecen.  Entonces se le inflamaron de pronto los nervios del cuello, se irguió frente a mi y le calcule  como  dos metros de estatura. Nunca lo había visto tan alto, con el rostro enrojecido de tanta rabia que seguramente traía acumulada y por primera vez me asusto. Quise decirle casi con dulzura, que  siempre soy cuidadoso, que este hecho  seguramente no se volvería a repetir, prometerle que……¡no me dejo terminar!  Siempre es lo mismo, no solo eres descuidado sino también ingenuo me gritaba a voz en cueyo, siempre dices una cosa y haces otra; no se hasta cuando entenderás que….. pero yo deje de escucharlo porque………

Mi chata:

Como te dije, solo escuchaba las ráfagas de un sermón de todos los diablos que me recetaba el Fran solo por el hecho de haber dejado mis cosas un poco descuidadamente, antes de entrar al vapor.

Pero ya no seguí escuchándolo, me enrede en mi toalla y atravesé  el vestidor saludando a todos esos amigos del club, de los cuales no se ni su nombre y a quienes no reconocería en la calle porque siempre los he visto desnudos.

Ya en  el vapor y casi a tientas logre un lugar en la banca. Me acomode y rápidamente me envolvió una grata sensación de bienestar. No podía aun distinguir al grupo, pero si las historias. Dos lugares a la derecha estaba el francés -- que así le dicen por corriente—y hasta le puso a su cadena de restaurantes “CARNES ASADAS EL FRANCÉS”. Fíjate bien cuando vuelvas a Guada, para que veas que digo la pura verdad. Pues bien, este Lord  cuenta a quien lo quiera escuchar, de cómo bajo del carro y abandono a su esposa original, casi llegando a Manzanillo, un día que le colmo la paciencia y desde entonces solo se quedo con dos copias de 20 y 25 años respectivamente y de las cuales describe con todo detalle lo que le cuestan. Yo le pongo atención solo por la curiosidad de distinguir alguna variación en su historia, pero no; siempre  la repite con el mismo rigor con que se la escuche por primera vez. En eso entra el Fran y también a tientas se acomoda a mi lado, siento por su respiración que esta más tranquilo y eso aumenta mi placidez y bien estar.

Totalmente relajados, en silencio continuamos escuchando la historia del francés. De pronto el Fran toca levemente mi pie izquierdo con el suyo y me dice: ¡¡tus chanclas!! Que tienen mis chanclas? –no manches tienen como cinco años y sigues con ellas- Entonces, el vapor y su calidez me hicieron sentir que desde los pulmones me subía un soplo de valentía y  lo espete; tu llevas cinco años de novio con Claudia y te resistes a cambiar, mírate bien como andas. Casi no termino mi brillante observación; porque el Fran me tapo la boca y solo alcance a oír –me las pagaras, te espero en el vestidor- Sentí que había roto el equilibrio del día y de ese recinto calido donde había sido feliz la ultima media hora. Me arme de valor y sin vislumbrar como saldría esta vez  del atolladero, salí también del vapor. Lo alcance y ya estaba medio vestido cuando por decir algo, por romper el hielo, pensé en voz alta: Fran en otra vida que me tocara vivir, yo  escogería ser tu hijo; para que me orientaras, me protegieras, y me transmitieras tu buen humor. Pareció no escuchar mi fraternal razonamiento. Termino de vestirse con mucha tranquilidad y cuando se ajustaba las agujetas con un pie sobre el banco, sin voltear a verme dijo:  NO CREO QUE SEA BUENA IDEA SER EL HIJO DE UN PARRICIDA.

 

Tu puedes ver mi chata que yo hice todo lo que pude porque se le pasara al fran todo ese montón de rabia que no lo dejaba ser cariñoso, tolerante y de buen humor como es casi siempre cuando no esta metido en esas peleas telefónicas de noviazgos de cinco años.

Finalmente , me quito las llaves de la camioneta, me dio una palmada y me dijo: pa; eres un buen tipo, pero algo manchadito.

 

Te mando un beso concluyente.

 


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